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Introvertido, regañón y una historia para contar...
El chileciteño "Quico Lavatorio"
Más de uno se estará preguntando quien es “Quico Lavatorio”, hace un par de días atrás yo estaba en el mismo lugar, preguntándome quién es éste personaje, dónde vivía y cual era su historia. Un vehemente lector de Diario Chilecito, guardando su anonimato, decidió narrar la historia de un hombre común, que se convirtió para los chileciteños en un personaje simpático y a veces regañón.
Después de publicada la primera y la segunda parte del cuento popular titulado “Mi amigo el Linyera”, las repercusiones fueron muchas y emotivas, una de ellas, quizás la que más me llamó la atención fue la que narraba un ciudadano chileciteños, apodado “Vejete Memorioso”, sobre un hombre bastante peculiar, que generaba una confusión de sentimientos, entre la piedad y el temor, entre la libertad y la esclavitud social. Aquí va la historia de un hombre que decidió vivir aferrado al amor de sus perros.
QUICO LAVATORIO UN PERSONAJE CHILECITEÑO:
"En Chilecito hubo un linyera al que llamábamos "Quico Lavatorio", vaya uno a saber el por qué de semejante nombre.
Trabajaba en la panadería Fava (en los primeros metros de la actual Dr.Bazán), donde el abuelo de Damasito Gómez manejaba todo.
Don Quico era el hombre que acarreaba los enormes troncos de algarrobo y los hachaba, para alimentar los hornos. Ignoro si tenía alguna otra actividad.
Pero era un hombre que pasaba callado, siempre rodeado por un montón de perros, por la Pelagio B. Luna y rumbo al norte. Tenía su ranchito en algún lugar del pedregal que ya no encuentro, detrás de la Santa Rita.
Don Quico era un hombre pacífico y que no molestaba a nadie, salvo cuando alguien le mataba a alguno de sus perros. Por alguna razón que nunca entenderé de los chileciteños, TODOS tenemos la manía de causarle daño al que no molesta a nadie.
Así que, cada tanto, alguno de los perros de don Quico era asesinado y eso lo sacaba de quicio. El hombre pasaba frente a la puerta de mi casa (yo era un pendejo sentado en el cordón de la vereda), gritando su furia con palabras que nadie entendía.
Alguna vez creímos que eran guturales, pero una vez que charlé con éste hombre, me quedó la duda sobre si no insultaba en algún remoto idioma que nunca logré descifrar.
De todos modos, ese era su momento de furia, que, al cabo de un par de días, se le pasaba. O encontraba consuelo. Vaya uno a saber qué modos raros tienen los dioses para proteger a sus criaturas más débiles.
Y, otras muy pocas veces, pasaba gritando su furia, por razones que no sabíamos. Algunos decían que venía borracho, pero yo no recuerdo haberlo visto nunca con una botella.
Pero había otra forma de encabronarlo y era gritándole huevadas cuando pasaba. Ahí si que se ponía bravo y amenazaba con ponerse violento, pero... ¿sabes una cosa? NUNCA le vi lastimar a nadie.
Nunca supe su nombre, ni de donde vino ni cuál era su problema, pero era uno de los personajes de Chilecito que más me impresionaba, desde mis pequeños años de niño sentado en el cordón, viéndole pasar sin temor, porque, te miraba, pero no te gritaba ni nada. Solo te miraba y no sentías miedo.
Era como que el hombre sabía distinguir que un niño no tiene maldad.
Alguna vez, hace unos 30 años, le paré por la calle, viéndole desarrapado y casi sin fuerzas. Como nadie le hablaba por miedo, decidí hacerlo yo, porque no me parecía un hombre malo. Debe haber sido toda una sorpresa, para alguien acostumbrado a la maldad humana.
Le hablé con educación y me contestó con iguales modales. Hablaba de un modo extraño, que te costaba entender lo que decía, pero se expresaba correctamente y seguía el hilo de tu conversación.
Me asombró profundamente, porque me había pasado la vida viéndole pasar y
creyendo que era alguien de mal trato. Y solo me encontré con un ser humano maltratado.
Le ofrecí algo, lo aceptó agradecido y digno. Y siguió su marcha, luego de recibir el paquete que le había preparado. Era solo ropa. No me aceptó dinero ni comida. Pero agradeció la ropa.
Se marchó calladito, con una dignidad que quisiera para mi, dentro de su extrema pobreza y como asombrado de que alguien le dirigiese la palabra, luego de tantos años de silencio.
Hace unos años, me percaté de que hacía mucho de que no le veía por las calles. Es que yo me había casado y me mudé de mi casa de la infancia a otro lugar de la ciudad.
Alguien me dijo un seco: "creo que se murió", pero nadie supo darme noticias de éste hombre. Tal vez viva, aún. Ojala, aunque no lo creo, por los años que han pasado.
A mí me pareció un hombre extraordinariamente interesante, solo que, cuando ya me había dado cuenta, no logré encontrarlo.
Tal vez era Dios, paseándose entre los mortales, para ver qué hacíamos con él.
”Quico Lavatorio” un personaje que pasó por la vida sin dejar rastros, de los tantos olvidados de Chilecito.
Las personas no merecen ser olvidadas. No importa si fueron linyeras o gobernadores. Debería haber una calle en cada barrio, que le recuerde a gente como ellos, porque fueron parte de nuestra cultura local".
Esta fue la historia de uno de los tantos personajes chileciteños que pasan dejando huellas memorables, que algún apasionado esta dispuesto a contar.
Alejandro Daruich (h)
