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Chilecito pierde su inocencia

Estamos enfermos y no lo vemos

Cuando conocemos noticias como las que tuvimos esta semana, como sociedad tenemos cientos de reacciones, y a cada uno nos toca de una manera distinta.

Cuando conocemos noticias como las que tuvimos esta semana, como sociedad tenemos cientos de reacciones, y a cada uno nos toca de una manera distinta.

Pero antes de emitir una sola palabra sobre lo sucedido, como comunidad debemos posicionarnos sobre la empatía, de manera de ponernos en el lugar de cada uno de los afectados por la triste noticia.

Una mujer perdió la vida. Una niña vivió una pesadilla -estando despierta- viendo cómo golpeaban a la mujer que la cuidaba. Un adolescente perdió el control y cometió el error más grande de su vida. Una familia quedó devastada: Por la pérdida de la mujer ejemplo de ese hogar. Y por ver involucrado a uno de sus miembros en el triste episodio.

Sumado a todo el caos que debió afrontar la familia, estuvimos nosotros como comunidad. Señalando, estirando nuestro dedo. Cuestionando, acusando, sentenciando.

Todos decíamos conocer la solución al problema, pero cuando éste ya había ocurrido:

-“La policía no está para hacer controles de alcoholemia. Está para cuidarnos de los delincuentes”.
-“El Estado es el responsable porque está ausente”.
-“La Justicia no existe. Entran por una puerta y salen por la otra”.
-“Dónde estaban los padres que debían educar al delincuente”.
-“Hasta que no eliminen a los narcos que envenenan a nuestros jóvenes, esto va a seguir sucediendo”.

Y la lista de análisis fue enorme.

Todos tuvimos algo que decir. No tuvimos la capacidad de controlar el impulso de hablar y opinar de un tema que sólo la familia que lo padeció, puede conocer.

Nuestro cuerpo como sociedad está enfermo. Hemos olvidado por completo el sentido del respeto. Desde el rol que nos ocupa -en cada uno de los casos- nos venimos equivocando, y lejos de hacer algo al respecto para “curar” nuestra enfermedad, la profundizamos alimentándola.

Unos, no queremos trabajar. Nos gusta más robar para vivir. Otros, dejamos de lado a nuestros hijos, olvidando que son nuestra responsabilidad y sin nosotros los adultos, están condenados a sufrir las consecuencias de la falta de tutoría. Muchos apostamos por la violencia. Nos alejamos de lo que alguna vez nos hizo bien. Nos burlamos… Otras veces olvidamos e ignoramos a quienes nos necesitan. Creemos que siempre vamos a ser jóvenes y “descartamos” a nuestros viejos. Pensamos solamente en beneficiarnos a corto plazo y de manera individual. No nos interesa educarnos. Cuando vemos algo negativo, lo tomamos en nuestras manos, lo volvemos más negativo aun y luego lo devolvemos a la sociedad. Nos interesa sólo la política partidaria, y nos olvidamos de las políticas de vida. Estamos contaminados y como muchos enfermos, no vemos lo mal que estamos.

Olvidamos que somos seres frágiles, y si no hacemos algo para fortalecernos como seres humanos, el resultado de debilidad crónica, está a la vista.

Todos somos responsables de lo que nos sucede. Si queremos hablar, debemos hacerlo en un ámbito donde el hablar, nos saque del problema. Si queremos que algo cambie, debemos comenzar por cambiar los malos hábitos que nos producen la mala realidad. Estamos actuando mal. Y cada error que cometemos, nos lleva a malos resultados.

Si queremos que nuestro cuerpo social sane, debemos trabajar duro por eso. La humanidad es maravillosa. No la arruinemos con nuestra inacción.

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  • Publicado por José Luis Campillay (Diario Chilecito) el Thursday 11 de May de 2017 a las 18:00 Hs.
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