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Una situación que se agrava ante la inacción

Estamos enfermando y no hacemos nada para curarnos

Hablar de la muerte, en momentos donde ocurrieron cuatro suicidios en tres días, sin dudas es algo que genera resquemor. Y yo no quiero escribir para crear debate, ni controversias. Simplemente sentí la necesidad de hacerlo, porque soy padre de dos hijos que están ingresando en la adolescencia. Y porque también atravesé -con mucha dificultad- esa edad.

La mente del ser humano es tan profunda y aun incomprendida, que lejos estoy de poder analizar las razones que llevarían a un ser humano a tomar la decisión de quitarse su propia vida, o mejor dicho, la única vida que tiene prestada durante un pequeño lapso, porque aun si viviéramos 100 años, sólo sería un puñado de tiempo que al fin de cuentas, se acaba.

Culpar o endilgar responsabilidades a “otros” es nuestra especialidad como seres humanos. Desde que tenemos uso de razón, tenemos explicaciones para todo, y pocas –o muy pocas y excepcionales- veces, asumimos nuestras responsabilidades, sin buscar con quién compartirlas.

Como miembro de esta sociedad, debo comenzar por responsabilizarme. Porque es muy triste que comencemos a analizar y juzgar a los padres, hermanos o las familias de quien tomó esa decisión, sin ninguna duda influenciado por una mente que no estaba pasando un momento saludable. Y a esto lo digo bajo una propia experiencia.

En un momento de mi vida, mi mente también intentó enfermar, proponiéndome pensamientos que buscaban ampararse en acciones que le pongan fin a lo que mi cabeza pensaba era imposible soportar.

Unos se ven afectados por adicciones, otros por dolor, muchos más por no encontrar motivos para vivir o ser felices… hay miles de razones por las que una cabeza propone poner punto final a esas situaciones. Y nosotros no somos quiénes para juzgarlas, porque no se puede juzgar a una “enfermedad”. Sólo se la puede -y debe- tratar.

Como dije al principio, no busco debatir. Desde hace un tiempo me propuse escribir todo lo que me pasa, porque en mi caso, encontré en esto, la manera más saludable de “tratar” todo lo que mi cabeza propone, sin importarme el rótulo que se me quiera poner.

La familia de las personas que atraviesan por semejante situación, muchas veces no ven los mensajes de advertencia, y si los ven los subestiman, o simplemente ignoran –al igual que yo- cómo tratarlos.

El Estado, no propone espacios de contención y prevención. Se ven campañas de concientización sobre muchas cosas efímeras, pero poco que preserve la vida.

La Educación y las currículas que poco a poco se desactualizan. En tiempos de redes sociales, donde todos somos “comunicadores” aun sin un medio convencional de comunicación masiva. Posteos en redes que multiplican el mensaje en pocos minutos, donde sin ningún cuidado, decimos, analizamos o juzgamos sobre cualquier situación, sin medirnos en ningún límite.

Medios de comunicación convencionales -entre los cuales están cuatro radios y un diario que dirijo- que por entregar más rápido la noticia, la entregamos sin ningún tipo de cuidado. Como si estuviéramos hablando de alienígenas y no de personas, como los miembros de nuestras propias familias.

Hijos que extorsionan a sus padres con tomar decisiones drásticas, si no ceden ante sus peticiones, muchas veces totalmente fuera de lugar.

Padres que ignoramos a nuestros hijos, porque el trabajo nos tiene totalmente fagocitados. Y cuando un docente les llama la atención, caemos a los colegios a los gritos a cuestionar, responsabilizándolos por la educación de nuestros hijos, mientras olvidamos que la única educación que entregan las aulas, es la educación académica.

Administradores del Estado, más preocupados por ganar elecciones, que por velar por la calidad de vida de sus representados, y opositores a todo lo que propongan los gobernantes, con tal de que los resultados sean negativos, para lograr más oportunidades de quedarse con el poder.

Falta de Fe en nuestro Padre. O en el caso de millones, falta de fe en algo.

Abstinencia de amor. Los seres humanos somos adictos al amor. A amar y a ser amados. Manifestaciones en hechos y en palabras.

Poco y nada de diálogo en los hogares. Mesas con televisores en sus puntas, quienes se llevan toda la atención, en el momento de mayor necesidad de comunión de las familias.

Poca inteligencia emocional, nos encanta trabarnos en discusiones –aunque sean vacías- con tal de demostrar que sabemos más que el otro, aunque al final demostremos que no sabemos nada y que sólo hemos ostentado nuestra imbecilidad.

Ojalá estemos a tiempo de detener esta pelota que cada día se hace más grande. Responsabilizándonos TODOS como sociedad. El tejido social está cada día más contaminado, por la misma realidad que nos abruma, porque nos encuentra desprevenidos, con poco interés por aprender de qué manera encauzarnos.

Perdón a todo aquel que haya salpicado con mis palabras. Lo último que persigo, es herir a alguien. Sólo busco que tengamos más empatía, con quien toma tan terrible decisión y con su familia, también víctima de una inacción global, que nace y termina en el individualismo que nos trajo al lugar en donde estamos.

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  • Publicado por José Luis Campillay (Diario Chilecito) el Monday 30 de April de 2018 a las 21:37 Hs.
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