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Feliz cumpleaños Chilecito

Anfitrión de ilusiones

2017 fue un año de muchas reflexiones para mí. El 19 de febrero de ese año me senté a escribir una breve reseña sobre lo que significa Chilecito en mi vida, y casi sin darme cuenta al final de una hora había escrito lo que parecía una canción. Tenía una melodía que había brotado tras cada palabra y que quería ser cantada.

La guardé entre mis cosas y mi vida continuó en su rutina. El 18 de abril de ese año recordé un compromiso que había asumido conmigo mismo en las primeras horas del año, acerca de materializar cada idea, y dejar de lado las excusas.

Tomé el teléfono y llamé a una talentosa mujer que había conocido poco tiempo atrás en una visita que nos había hecho a la radio para regalarnos música. Se llama Hulda Estrabou y vive en la ciudad de La Rioja. Cuando le conté que tenía escrita una canción y que esta vez quería dar un paso más, haciendo que todo el talento que conozco se adueñe de ella, se conectó con la idea y se sumó al desafío de hacerle arreglos musicales, ya que ella estudió eso, y en eso invierte sus días.

Le envié lo más precario que alguien pudiera enviar respecto a formato musical. Tomé mi teléfono, lo puse a grabar encima de una mesa, encendí mi teclado y me puse a tocar y a cantar, lo que dos meses atrás había nacido como un puñado de sentimientos por el pueblo que me vio nacer y crecer.

Con Hulda hemos hablado mucho por teléfono acerca de esta canción. Su humildad y dedicación a atender las propuestas de una persona que soñó con ser músico pero que jamás lo materializó, me hizo sentir extremadamente agradecido. Hulda me trataba como a un igual, y en sus pedidos jamás me limitaba. “Mandame todo lo que tenés, no lo subestimes, es música así que dejala salir”, me dijo por teléfono.

Los días pasaron, me pidió más letra, más música, luego se animó a más y me pidió un instrumental que va en el medio de la canción, donde algún día insertaríamos un recitado.

La música fluyó, su talento y su paciencia crearon un ambiente de arte sin límites, en el que sentí tanto gusto que no quería que se termine. El 21 de mayo, y tras agotarla de tantos cambios que le propuse en la estructura, la letra y parte de la melodía; con mucha paciencia Hulda había terminado de arreglar y transcribir la canción en un lenguaje (o código) que solo entienden los músicos de academia.

“Me gustaría que tenga el alma de muchos músicos, con identidades múltiples”, le escribí. Y juntos empezamos a pensar en nombres de quienes podrían llevarla de los sonidos que imaginamos a los sonidos que finalmente se puedan escuchar.

Pasaron casi tres años y a finales de diciembre de 2019 recibí una llamada de uno de los talentos más prominentes que tiene Chilecito, se trataba de Alfredo Idalgo, un músico joven a quien admiro muchísimo, y que le vengo siguiendo los pasos desde que comenzó.

“Hola Josho, me gustaría tomar el desafío de grabar tu canción. Estoy terminando de instalar un estudio de grabación y creo que sería un lindo aprendizaje hacer la canción con tantos músicos”, me dijo.

Mi felicidad fue plena. Dios había escuchado y actuado: la canción que había estado durmiendo en papel, escrita en lenguaje exclusivo para músicos (con corcheas, negras y semifusas) pronto iba a despertar en manos de músicos que rebalsan talento. Fue así que tras dos meses de mucho compromiso y dedicación, el estudio de grabación de Chilecito, “Otro Planeta Records” tomó las partituras de cada instrumento, y las hizo tangibles en el momento en que cada artista pudo tocar sus notas musicales.

Lo que había nacido como melodías y un texto que expresaban sentimientos de un chileciteño; que luego estuvo en manos de una artesana de las armonías, sometidos al preciso cincel musical de una gran artista… hoy estaba en manos de músicos que aman lo que hacen, y lo demuestran con cada interpretación.

Alfredo fue el director de todo lo que se escucha… Pudo dividir en 37 acciones las voces y los sonidos de 11 artistas de Chilecito. La interpretación final trasciende los sentimientos originales, de la misma manera que siente una madre o un padre cuando ven crecer a sus hijos.

El orgullo, el ego y la mezquindad no tienen lugar en el amor. Y fue bajo esa premisa la creación de esta obra musical “anfitrión de ilusiones”. Recibió las ilusiones de cada artista, las mezcló como lo hacen las familias, y la sinergia hizo el resto.

Lo que se puede escuchar es el resultado más sincero del amor que todos sentimos por este suelo. Por eso anhelo tener la capacidad de AGRADECER: a Dios por darme la oportunidad de conocer a Hulda… A ella, por haber aceptado mi propuesta, cuando supo desde el principio que no lo pedía como un profesional de la música, sino como un ser humano desesperado por decir en una canción, lo que mi alma quería cantar. Su humildad y humanidad trascienden lo que se puede atestiguar. Su profesionalismo es tan impecable como su reputación. Ojalá millones de músicos pudieran conocerla… Gracias Hulda!

El agradecimiento se completa cuando nombro a Alfredo Idalgo, el director de este arcoíris de melodías. Ojalá la vida le regale lo que anhela su corazón, y también ojalá me regale la posibilidad de ser uno de los tantos eslabones que lo impulsen a alcanzar sus sueños. Solo así voy a sentir que le devolví una pequeña porción de lo que en esta ocasión regaló, no solo a mí, sino al resto de los casi 60 mil chileciteños. Su profesionalismo y responsabilidad es superlativo.

A Jorge Coria Peñaloza, por aceptar ser quien recite las palabras que mi alma solo podía escribir, pero jamás se sentiría digna de pronunciar. El amor y la pasión con que declamó cada palabra, se siente en la fibra más íntima, porque su personalidad no sabe fingir.

Gracias a todos los músicos que se animaron a darle vida a la canción: Ramón Plaza, Lucas Márquez, Sergio Olivera (Guty), Cristian Oviedo, Jorge Díaz, Natalio Cataldo, Diego Álvarez y Ceci Soteras. Cada uno utilizó la impronta de su talento, sin limitarse a sentir antes de expresar.

Gracias a Luis Ormeño, que revisó los arreglos corales que nacieron en la loca cabeza de Alfredo.

Gracias a mi hermano Diego, quien le imprimió el ADN de nuestra familia a esta canción que sabemos no morirá jamás; porque el amor es lo único que trasciende la vida que conocemos. Escucharlo cantar en su pequeña participación me hace sentir la más inmensa gratitud de estar vivo.

Y un último y gigante GRACIAS a todas las miradas que se animaron a “contar” sus historias en el video que completa la ilusión de existir, de “anfitrión de ilusiones”. Sus ojos son los fieles testigos de que vivieron y vieron al Chilecito que todos amamos. Porque Chilecito es la suma de nuestras historias.

Josho Campillay
19 de febrero de 2020

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Don Cortez nos cautivó con su mirada

Un rostro que refleja la vida de miles de trabajadores de Chilecito

Salimos a las calles de Chilecito para ver qué rostro nos transmitía una vida vivida en Chilecito. Registramos cerca de 500 personas, pero una nos cautivó con su mirada. Don Héctor Fernando Cortez: “Mi papá se fue a vivir a Buenos Aires con su mamá, cuando tenía unos 10 años. Cuando volvió iba siempre a bañarse a un estanque en Famatina, ahí conoció a mi mamá (Ermelinda), se casaron y nos tuvieron a nosotros tres, Gustavo, Carina y yo”, nos contó Sergio, el hijo menor de Héctor Fernando.

Don Cortez tiene 83 años “Nuestro papá fue un trabajador incansable, estuvo en Obras Públicas del municipio y era el centro de atención de sus amigos, los entretenía en rondas hablando en italiano, inglés y portugués, con frases que se había aprendido. Siempre de buen humor, con muchísimos valores sobre el trabajo, la honestidad y la familia”, agregó Sergio, quien destacó “toda mi vida lo vi trabajar, el ejemplo con el que nos crio nos hace sentir orgullo a donde sea que vamos”.

Los ojos de este chileciteño por elección reflejan millones de historias vividas. Nació en Famatina, vivió un tiempo en Buenos Aires y eligió a Chilecito para materializar sus ilusiones. Y justamente la canción que acompaña esta edición de Diario Chilecito se llama “anfitrión de ilusiones”, en clara referencia a lo que es Chilecito con cada ser humano que llega cargado de sueños. Nuestro pueblo es fiel estimulador y colaborador de todo aquel que llega.

Su rostro expresa la vida de miles de trabajadores y trabajadoras que Chilecito históricamente vio y actualmente ve en sus calles. Sus manos curtidas a pala, cal y arena, hablan de la dedicación y el sacrificio de quienes fundan familias que deben alimentar.

Chilecito cumple años, pero no es el aniversario de sus cerros, sus cactus y algarrobos. Es el aniversario de las casi 60 mil almas que hoy lo construyen como legado de quienes ya se fueron.

Los ojos de Héctor Fernando Cortez reflejan en nuestra tapa, la mirada de padres y madres que llegan a su edad, con la satisfacción de haber sido constructores activos de nuestra sociedad; con la tranquilidad de haber criado a sus hijos, y con el anhelo de que sus nietos reciban las herramientas de valores forjadas con sus ejemplos, para que puedan abrir sus propios caminos.

Feliz cumpleaños chileciteños. Que nuestra historia se siga escribiendo de la mano de todos los que amamos este suelo y lo queremos ver crecer.

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  • Publicado por José Luis Campillay (Diario Chilecito) el Tuesday 18 de February de 2020 a las 21:34 Hs.
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