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Por el Lic. Francisco Efraín de la Fuente

Chilecito de antaño

Versiones recogidas por Silvio Rentería aseguran que Cristóbal Gordillo habría hecho construir las primeras casas en los alrededores de la plazoleta “Santa Rita”, hacia el sudeste de la ciudad frente a la cual se erigía la primera Iglesia chileciteña que llevaba el nombre de su actual patrona y cuyas ruinas eran aparecidas hasta hace poco.

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Las aisladas casas de cuño y estilo castellano estaban separadas por callejones arenosos y pedregosos limitados a su vez por cercos de talas y arbustos regionales.

Dos largos caminos se cortaban en la esquina determinada actualmente por calles La Plata y Pelagio B. Luna; al entrar al poblado, se transformaban en callejones. El primero de ellos, bajaba desde la Puerta de la Quebrada prolongándose por los distintos vecinos; por el hecho de bajar de las regiones mineras, se lo denominó de “La Plata”. El otro, unía Sañogasta con Famatina pasando por Los Bañados suburbanos del sud; se lo denominaba calle “Del Comercio” puesto que atravesando las primitivas casas era la vía más importante y paso obligado de tropas, carretas y carros que traían o llevaban diversidad de productos.

Este callejón siempre según la tradición, dividiría los viñedos de los Gordillos, situados al naciente, de las propiedades de los San Román, situados al poniente, los terratenientes más importantes de la época y del lugar.

En 1848, el Coronel Vicente Motta dispuso la delineación de las calles indemnizando por ley provincial las tierras expropiadas entre las cuales se hallaban las de los sucesores de José de San Román.

El impuso edilicio posterior corrió por cuenta de don Pedro Gordillo.

La plaza actual, denominada “Sarmiento”, fue propiedad de doña Nicolasa Gordillo San Román.

En sus primeros tiempos fue deslindada mediante tapias (tierra apisonada) y as tarde delimitada con alambre y cercos espinosos. Hasta 1941 conservaba los alambres hacia el costado norte y las crucetas de acceso. Entre la profunda vegetación de la misma destacándose robustos y rugosos pimientos (terebintos o aguaribais), esbeltos pinos, palmeras y otras variedades que brindan abundante y generosa sombra; actualmente su fisonomía ha cambiado mucho porque las autoridades comunales buscando un mayor efecto estético, ordenaron talar los árboles frondosos no obstante el repudio popular; de tal manera desapareció para siempre un exótico ombú que la tradición aseguraba haberlo traído Joaquín V. González desde Buenos Aires.

Durante el periodo de las montoneras tomó triste nombre “un muchacho de oscuros antecedentes que un buen día asaltó el villorio con una partida de bandoleros reduciéndolos a prisión (a los vecinos) para arrancarles en cambio de la vida, una contribución pecuniaria”.

Fue Tristán Díaz a cuyo mando- como dice Neptalí Baigorrí- comenzó a redoblar el tambor de las penurias marchando en línea desplegada, la miseria, la sed y el hambre con el estandarte negro de la muerte a la cabeza.

También se mantiene fresco en las tradiciones populares el paso del General Lavalle por nuestra ciudad.

En “Los Algarrobos”, Lamadrid, Lavalle y Videla habían resuelto separarse. El primer regreso a Tucumán, Videla se dirigió a Cuyo y Lavalle enfiló hacia Catamarca primero y La Rioja después, donde organizo un ejército integrado por sus correntinos, los vencidos de Sancala y ciertos llanisto del Chacho, incorporando a su causa. Con tales fuerzas ocupó Los Llanos para defender las autoridades provinciales.

Pero la permanencia de los ejércitos en la Capital se tornó crítica como consecuencia de la falta de víveres y Lavalle- el Cóndor Ciego de José María Rosas- decidió ocupar los departamentos del oeste acampando el pié de Famatina.

Instalado ya en Chilecito con su cuartel general, recibió “las ovaciones del patriotismo que lo acataban”, dice Baigorrí.

Ante la proximidad de Aldao, Tomás Brizuela, abandonó la Capital, cruzó el Velazco y se unió a Lavalle en esta villa; traía consigo un pequeño ejército a cuyo frente se hallaba el Capitán boliviano Arispe de Urdinimea.

Una linda chileciteña, cuyo nombre la tradición no ha conservado, cautivo al capitán boliviano uniéndose en matrimonio al poco tiempo; la dicha fue breve sin embargo porque la flamante esposa correspondió a la pasión que también había hecho nacer el corazón de Lavalle.

Deseando vengar la afrenta, Urdinimea “solo y con las insignias de su mando” rehízo el camino del Velasco dispuesto a ofrecer su espada a Aldao. Pero, si la infidelidad había puesto fin a su honor, su despechada actitud puso fin a sus días; apresado por las fuerzas del fraile fue condenado a sufrir la pena de muerte en la plaza pública de la Capital.

Informado por otros conductos – o quizás el mismo- acerca del contingente de Lavalle, también Aldao cruzó el Velasco arribando a Chilecito. El brillante general de otrora sin fuerzas suficientes para oponer a aquél, emprendió retirada hacia Catamarca “llevándose como única conquista, la funesta viuda que cayera en sus brazos”.

Recordemos de paso que no fue la única “aventura amorosa” del héroe de Ituzaingo en nuestra provincia pues en tierras de Arauco enamoro a Teodolinda Carvajal o Solana Sotomayor.

La década comprendida entre 1895 y 1905 inicio la prosperidad de nuestra ciudad y la jalonan tres hechos importantes: la llegada del ferrocarril, la inauguración de su Iglesia Parroquial y la construcción del Cablecarril.

En el año 1902 llegaba por primera vez un tren a Chilecito, emporio minero del oeste riojano, abriendo nuevos rumbos en sus posibilidades económicas y quedándose como suspendido ante la grandeza infranqueable de su célebre cerro Famatina, dice inequívocamente Joaquín Neyra.

La línea férrea destinada a unir Deán Funes con nuestra provincia había sido paralizada en 1891 como consecuencia de la pobreza del era rio nacional pero reiniciada años después, alcanzo Los Colorados en 1897. Así el centro, una locomotora en relieve, sobre la parte superior la leyenda: “F. C. a La Rioja y Chilecito”, y en la inferior: “Secciones a Talamuyuna y Colorados”. Reverso: “Director Depto. De O. P. de la Nación- constructor Arturo Castaño- 24 noviembre de 1897”.

El arribo de la primera locomotora a Chilecito se produjo en 1899. Así lo confirma otra medalla, también de cobre que forma parte de nuestra colección numismático y puede describirse de la siguiente manera: Anverso: Escudo Argentino en relieve en el campo central; leyenda en el borde superior. “Inauguración de la línea a Chilecito”, inscripción inferior, debajo del moño: “2 de julio 1899” y debajo de esta: “Provincia de La Rioja”. Reverso: una locomotora desplazándose y arrojando humo teniendo como fondo un macizo montañoso: en la parte superior, la leyenda “Ferrocarril Argentino del Norte” y en la parte inferior un hacimiento de herramientas y ramas de laurel u olivo.

El segundo acontecimiento importante, como ya lo consignamos, fue la inauguración de la iglesia consagrada al Sagrado Corazón de Jesús, ocurrido el 15 de agosto de 1900.

Comentando el mismo, decía un artículo de Caras y Caretas: “ha sido necesario… que el ferrocarril, inversión del mismo diablo, haya atronado con sus silbidos a los pacíficos riojanos, para que la iglesia de Chilecito haya podido inaugurarse”.

La ceremonia contó con la presencia del Obispo Toro de la ciudad de Córdoba, del vicario Abel Bazán y Bustos, del diputado nacional doctor Joaquín V. González, doctor Vera Barros, doctor Wenceslao Frías, Domingo Larrosa Pizarro y Domingo Dávila, entre otros.

“La Plaza principal y la calle Florida (Adolfo E. Dávila y Castro Barros actual) hallábanse adornadas con flores, arcos y gallardetes. A la una y media de la tarde llegaron a la ciudad monseñor Toro y el ministro mencionado… el intendente municipal, doctor Giménez, dio la bienvenida en la afectuosos y expresivos términos a los distinguidos huéspedes”.

La bendición e inauguración se efectuó a las 4 de la tarde concurriendo prácticamente toda la población, los alumnos de las escuelas y la banda de música de la Capital. La ceremonia inaugural concluyó con un elocuente sermón a cargo del canónigo Cabrera, y por la noche, “bonitos fuegos artificiales” hicieron delicias de la feligresía.

El templo inaugurado carecía de torres y campanario, no tenia revoque exterior, ni asientos ni alfombras.

Las fotos que ilustraban el artículo citado agregan otros datos interesantes: hubo una procesión callejera, los alumnos concurrieron uniformados y se levantaron altares en la plaza.

La medalla conmemorativa acuñada con tal motivo y que también integra nuestra colección, puede describirse así: Anverso: imagen del Sagrado Corazón en el centro y en el circulo, la leyenda: “Sagrado Corazón de Jesús- Salvadnos”. Reverso: también en círculo, la leyenda: “Colocación de la Iglesia Parroquial de Chilecito”; en el centro: “Dedicado al Sagrado Corazón de Jesús – 15 de Agosto de 1900”.

Culminaba de tal manera los esfuerzos del párroco Benjamín Correa Cruz que estuvo al frente de la misma, desde el 5 de abril de 1898 hasta el 12 de septiembre de 1900, en que murió.

De acuerdo al Auto del doctor Abel Bazán – citado al hablar de la fundación de Chilecito- y sobre la base de ciertas tradiciones, reseñemos algunos datos importantes relacionados en el mismo tema.

No existe dato alguno sobre la fecha de creación del Curato que llamó Beneficio de Famatina, cuya iglesia parroquial era Anguinán y anexos, Famatina Santa Cruz, Hacienda de Nonogasta, Santo Domingo, pueblos y encomiendas de Pituil, San José de las Campanas, Malligasta, Vichigasta y Vinchina, admitiéndose que pudo haber sido más o menos por 1650.

Como los primeros libros se extraviaron, debemos considerar al padre Andrés Veles como primer cura propietario; estuvo hasta el año 1739.

El 2 de febrero de 1865, día en que se recibió de sacerdote el presbítero José Cardinali, la sede parroquial fue trasladada desde Anguinán al oratorio de Santa Rita de nuestra ciudad quedando así dividido el antiguo Curato. Este sacerdote desempeño funciones hasta el 11 de octubre de 1870.

Desde el 16 de marzo de 1873 hasta el 2 de noviembre de 1874, estuvo José Vicente Cabrera y después el 6 de noviembre del mismo año y hasta fines de 1878, su hermano, Lorenzo L. de Cabrera.

A este lo sucedieron:

Pedro I. Anglada (9 de enero 1879 a fines de 1881).
Marcelino Romero (23 de abril 1882- 6 de mayo 1887).
José María Barreda (30 de junio 1888- 13 de abril 1889)
José Ciñón (9 de julio 1889- 1 septiembre 1892)
Félix Maltio (1 de septiembre 1892 – 2 de abril de 1898).
Benjamín Correa Cruz (5 de abril 1898- 12 de septiembre 1900)
Vicente Cimino (12 de septiembre 1900- 15 de enero de 1901 – interino)
Jacinto Portella (15 de enero 1901- 6 de abril 1930)

La piedra fundamental de la iglesia inaugurada en 1900, la colocó el monseñor Eduardo Álvarez en agosto de 1878 en ocasión de su visita canónica.

El terreno ocupado por la iglesia y la casa parroquial fue adquirida a la señora Azucena Gordillo de Lastra, padre del vicario foráneo Rosendo de la Lastra, siendo sus medidas originales 56 metros de fondo por 31,75 de frente.

Según referencias orales, todos los feligreses llevaban una piedra (según su edad y capacidad), el templo fue construido por don Francisco Lista y los frisos interiores que adornaban las paredes por doña Manuela Reynoso de Lista.

Hay tres campanas en la nueva torre de material cocido todavía inconclusa – decía Bazán en 1909; la mayor fue fundida y bendecida en 1895 por el cura Félix Maltio, ignorándose la fecha de las otras. Según Rentería, el sacerdote Marcelino Romero, natural de la Costa fue quien mandó hacer las campanas construyéndolas en chileno cuyo nombre no se ha conservado y fueron fundidas en el patio de la casa de don José María Gordillo. El mismo sacerdote ordenó la reparación de las iglesias derruidas y adquirió las imágenes.

Las torres fueron construidas por José Fond y Antonio Vergara, según referencias de doña Rita de Lista, y ellos colocaron también la cruz…

Las referencias de Bazán acerca de nuestra iglesia, concluyen así: “ El cementerio de esta ciudad fue bendecido por el cura Marcelino Romero en 1885, pero está en poder de la autoridad civil”, en tanto que los pertenecientes a las capillas de Sañogasta (titular San Sebastián), Nonogasta (titular San Vicente Ferrer), Vichigasta (titular San Buenaventura) y Amaná, eran de propiedad eclesiástica.

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  • Publicado por Sol G. Ardiles (Diario Chilecito) el Friday 19 de February de 2010 a las 11:10 Hs.
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