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Se habría esclarecido el crimen de las hermanas Leiva

La historia de otro asesinato en Villa Unión

Un crimen espeluznante conmocionó ayer el pueblo de Coronel Felipe Varela. Un hombre encontró a dos mujeres atadas en sus camas y con varios cortes en la garganta y el cuerpo. Las víctimas fueron identificadas como Delia y Elvira Leiva. Los investigadores detectaron rastros que los llevaron a dar con un joven misionero de 17 años de edad, que sería uno de los autores del hecho. Allí involucró a su cómplice de 22 años que fue detenido en esta capital y anoche fue trasladado a Villa Unión.

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Las maniataron y les colocaron las manos sobre sus espaldas, para luego ejecutarlas. Un cuñado encontró anteayer los cuerpos de Delia (47) y Elvira Leiva (56) degollados en el interior de la vivienda que habitaban en el ingreso al apacible pueblo de Pagancillo, en Coronel Felipe Varela. A pocas horas, fueron identificados y detenidos los presuntos autores.

Corrían las primeras horas de la noche del martes último, cuando Daniel Cordero, cuñado de ambas víctimas, concurrió al domicilio de las hermanas Leiva a fin de coordinar los horarios para empezar con la cosecha de uvas en una finca contigua. Al entrar, se encontró con la terrible y sangrienta escena.

Los investigadores suponen que las mujeres fueron asesinadas ese mismo día, alrededor de las dos de la madrugada. Cordero las encontró sin vida cuando ya habían pasado más de 20 horas del asesinato. En ese lapso, dos sospechosos aprovecharon para instalarse, uno en Villa Unión y el otro en el departamento Capital, según informó el periodista José Alamo de Radio 7 Villa Unión.

La casa de las víctimas, ubicada sobre avenida 24 de Septiembre, justo enfrente de la entrada a Pagancillo, se encontraba ayer por la madrugada, llena de policías y de peritos. Los investigadores eran supervisados por la jueza de Instrucción de Villa Unión, Graciela Páez de Echeverría, que participó de todas las diligencias que se hicieron, e inclusive de los dos allanamientos que hizo la Policía.

Delia y Elvira son parte de un grupo de seis hermanos, algunos residían en Pagancillo y otros en Villa Unión. Eran propietarios de fincas viñateras. Precisamente ayer estaba previsto comenzar con la cosecha. La familia Leiva trabajaba de formar particular: la cosecha era vendida por ellos mismos e inclusive participaban en la recolección del fruto.

Silencio absoluto

Según los investigadores, una vecina visitó a las hermanas el martes por la tarde, pero Delia y Elvira no aparecieron. La mujer pretendía dejarles algunos duraznos, y al notar que su presencia no generaba atención, pensó que las dos mujeres "dormían la siesta". Asimismo, Daniel Cordero (el cuñado que las encontró muertas) intentó varias veces comunicarse por teléfono celular con algunas de sus cuñadas, pero ninguna respondió sus llamadas y tampoco los mensajes de texto que les habría enviado.

El silencio de ambas motivó a Cordero concurrir al lugar y conversar personalmente con ellas. Sin embargo, el cuñado advirtió que todo estaba estático en el domicilio y optó por entrar. Fue entonces que descubrió una escena aterradora. Según fuentes policiales, las hermanas estaban ubicadas en habitaciones distintas: las habían maniatado, colocado sobre una cama y degollado. Dentro de la casa había un desorden generalizado.

A partir de ese momento, la Policía comenzó a trabajar contra reloj. La jefatura de la Policía de la Provincia envió una comisión de la División Homicidios (a cargo del comisario Britos) para que analice el caso. También viajó otra comisión, pero perteneciente a la Policía Técnico Judicial. Los médicos forenses Marcelo Cáceres y Juan Carlos Sánchez fueron los responsables de examinar los cuerpos y determinar las causas del deceso.

El jefe de la Unidad Regional de Villa Unión, comisario Williams Bordón, acompañado por el segundo jefe a cargo de la dependencia, comisario Vicente Garrot, organizaron un trabajo de investigación que, en cuestión de horas, les brindó los resultados esperados.

Las huellas

Todo era desazón para los investigadores. Estaban frente a un trágico episodio que había ocurrido hace más de 20 horas. ¿Por dónde comenzar?, fue la pregunta que se hicieron apenas supieron de lo ocurrido. Bordón explicó que una pista menor fue la que los llevó a descubrir importantes evidencias y por consiguiente a ubicar a dos sospechosos. Esa prueba mínima fue una huella de ojota, detectada en cercanías del lugar del crimen.

Los investigadores no tuvieron otra opción que guiarse por esa marca: atravesaron grandes montes, avanzaron en una oscuridad absoluta, pero no perdieron de vista la huella. Las pisadas, en la que también se habría visualizado una huella de zapatilla, los condujo a una casa ubicada a varias cuadras del domicilio de las hermanas Leiva.

El inmueble está deshabitado, pero sin embargo, uno de los sospechosos habría pernoctado allí. El patio de esa casa es una finca de viñedos. La cantidad de maleza que había en el sitio, como así también la falta de limpieza, hace suponer que ese sector no tiene una atención diaria o continua.

Los investigadores decidieron entrar a una pequeña habitación y allí encontraron una prueba importante: un par de ojotas apareció mezclada entre las cosas que ocupaban la habitación. Por la forma del calzado, los investigadores suponen que la huella detectada le pertenecería.

Entre las seis y siete de la mañana de ayer, los médicos forenses, Marcelo Cáceres y Juan Carlos Sánchez, decidieron hacer la autopsia a los cuerpos, pero a cielo abierto, en el lugar del hecho, es decir, que no fue necesario el traslado de los cadáveres a la Morgue Judicial de Villa Unión. Cáceres y Sánchez utilizaron los equipos necesarios para hacer la autopsia y luego le comentaron a Páez de Echeverría, algunos detalles de lo que observaron.

Entre las siete y las ocho, una comisión policial, acompañada por la magistrada a cargo de la investigación, se dirigió al domicilio donde habían encontrado el par de ojotas. Los investigadores tenían nuevos datos y otra vez obtuvieron buenos resultados. En el patio de esa casa, los autores del hecho cavaron un pozo y ocultaron varias prendas de vestir y un par de zapatillas. La excavación fue rápidamente ubicada y las prendas fueron secuestradas en presencia de la jueza de Instrucción. Lo particular de esas prendas, es que tendrían manchas de sangre. Las mismas fueron colocadas dentro de una caja y ahora es material de estudio por parte de peritos de la Policía Judicial de La Rioja.

Los detenidos

El cotejo de datos, las pruebas encontradas, y la información proporcionada por vecinos, condujo a los investigadores a encontrar al primer sospechoso. Se trata de Gustavo Miguel Sanabria, un adolescente de 17 años, oriundo de Misiones. Llegó a Pagancillo hace algunos días. Aparentemente, este adolescente se fugó de su hogar; estaba al cuidado de un tío que posee una tenencia judicial sobre su persona.

Fuentes policiales indicaron que el sospechoso fue ubicado en el barrio Valdivieso, en la ciudad de Villa Unión. El adolescente no ofreció resistencia y habría aportado otros datos destacados. Supuestamente, su versión permitió encontrar al segundo sospechoso que tiene la investigación. Esta vez, el operativo no se hizo en Pagancillo, ni en Villa Unión, sino en la ciudad de La Rioja.

Este sujeto fue detenido en las inmediaciones del barrio Yacampis. Fue identificado como Gabriel Esteban Carrizo y tendría 22 años. Aparentemente, viajó a esta capital el martes por la tarde, horas después del terrible asesinato. Anoche fue trasladado a Villa Unión, para ponerlo a disposición de las autoridades judiciales.

Asimismo, el adolescente habría confesado otro dato importante, que luego se convirtió en una prueba más de la causa. La confesión hizo regresar a los investigadores a la casa deshabitada y esta vez encontraron una bolsa oculta entre los pastizales: dentro de la misma había un revólver calibre 22, sin balas.

Los investigadores suponen que los dos sospechosos tienen varias pruebas en su contra y que las mismas los sindicarían como los presuntos autores del doble crimen de Pagancillo, según publicó El Independiente.

El móvil del asesinato

Para los investigadores, el móvil del doble crimen sería el robo de dinero y joyas de valor. Hasta el momento, el botín no apareció, como así también el arma homicida: un cuchillo. Ayer, trascendió que las hermanas Leiva habrían recibido una suma importante de dinero por parte de la cooperativa La Riojana, que compra la producción de uva de las fincas que poseen para la elaboración de vino. No obstante, la versión no fue confirmada por la Policía.

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  • Publicado por Natalia Petric (Diario Chilecito) el Jueves 11 de Marzo de 2010 a las 00:54 Hs.
Fuente: Diario El Independiente
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