
No hay controles en Tinogasta, impunidad total
Fiscalizan las actividades
Beneficio para tabiqueros y deportistas
Para brindar una mejor atención

Los pueblos piden que se cancele el contrato con Osisko
Bajo los brazos del Cristo, miles de ciudadanos pidieron por el Famatina
Por primera vez en la provincia
Tomates, cebollas y agua podrida
Agroandina le regaló una laguna nauseabunda al Nevado Rugby Club
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Famatina, nuevamente elegido para hablar de las bondades de la minería
Oficialismo y oposición mano a mano en Buenos Aires

Posturas cada vez más enfrentadas. Los pueblos resisten y el gobierno avanza.
Echan a representantes de Osisko Mining de Famatina y cortan camino a Lehz
La denuncia penal que no trascendió: Piden Juicio Político a Jueza de Paz Letrado
Si no se toca la Constitución, Fonzalida y Beder renuevan sus gobiernos por última vez
Definirnos es complicado
Ser Argentinos…
Simplemente ser argentino, para un propio argentino, es muy significante y orgulloso; quizás seamos expertos letrados en definir a los demás, pero cuando llega la hora de definirnos o caracterizarnos, el orgullo nativo salta a la defensiva y nos cuesta mucho resaltar cualidades, defectos y demás cuestiones que hacen al ser argentino un ser con características únicas, picardías y una inmensa y particular forma de ver las cosas, como propios y llanos sudamericanos. En forma de monologo, trato de buscarle la vuelta, como se dice, con un poco de humor a lo que, supuestamente, el mayor y común denominador social nos refleja ante las miradas de aquellos que buscan describirnos…
El ser argentino, no es ser un ser fácil. El argentino no solo es una persona sensible, sino también pícaro, simpático y demasiado educado cuando se tiene que hablar, por supuesto, de él mismo.
Pienso que ser natural, civil y socialmente argentino es mucho más que eso; pasemos a ver comos nos ven en el resto del mundo y que respuesta le podemos brindar a aquellos que nos definen.
Ser Argentino…
Nosotros los argentinos, nos sabemos tan sabios que nos creemos dioses, seres superiores que no tendrían porque habitar el mundo, he incluso, nuestro propio, amado y defendido país.
Como buenos Dioses, nos creemos soberanos en todas las áreas, nos sentimos con plena capacidad en detentar el poder, como sí la figura de un Dios consistiera sólo en aplicar la fuerza del poder, la sumisión y el liderazgo.
Con el sólo título de ser “argentinos”, nos sentimos con licencia para opinar de cualquier tema y participar de cualquier conversación, en cualquier lugar, desde una simple y añeja mesa en un café, hasta en el auditórium de una conferencia.
El título de ser natural, civil y socialmente argentinos, nos abre las puertas a ser fieles admiradores de nuestras propias ideas, pero al momento de argumentarlas y defenderlas, no sabemos como hacerlo y buscamos eludirla la conversación, quizás con otra contra-idea.
Poseemos la completa y habilidosa forma de delegar responsabilidades, y “cuando las papas están que queman” (como exclama el dicho), y debemos poner la cara a las circunstancias, simple y llanamente nos escudamos diciendo “Yo Argentinos”… una verborrágica frase sin verbos, compuesta por inmenso ego afirmativo que solo nos sirve para huir y eludir explicaciones en la vida.
Definitivamente el “ser argentinos” nos da licencias que nos permiten querernos inmensamente y a defendernos con ciertos limites y al momento de responder somos capases de vender hasta lo más preciado, con tal de salvarnos, sino escondernos en ídolos y en banderas, que a su vez, les podemos construir un monolito o destruirlos con el mismo esfuerzo (como dijo una vez aquel recordado “Minquito” refiriéndose a los periodistas)
Como exclamó algún extranjero, alguna vez… “un argentino se suicida, arrojándose de su propio ego”
Aparte de ser argentinos, nos sentimos tal cual nos presentamos, creyendo ser una especie de raza superior que fue privilegiada y depositada en América del sur.
Abandonados y castigados, buscadores de esperanzas, observados en el mundo entero, autodestruidos por nuestras propias decisiones, con uno de los suelos más rico del mundo, propietarios fundidos que todavía no sabemos lo que tenemos o nos queda.
Los argentinos podemos, incluso, perder hasta la hermandad y solidaridad, pero cuando se trata de perder siempre seguimos el paso que conlleva a conservar, nuestro propio orgullo. El orgullo de ser ARGENTINO…
Caracterizando y observándonos un poco como argentinos, y ante todas las crisis, desocupación, violencia, miseria, carencia, corrupción y demás barbaridades; busque en forma de “humor” resaltar, que por más que seamos los responsables de la mayoría de éstas cosas, simplemente por vivir en este suelo y elegir nuestros representantes, estamos orgullosos de ser argentinos y todavía queremos ver ese país que tanto añoramos ver crecer, por el simple hecho de ser argentinos y más aún amar nuestro país la republica Argentina…
Alejandro Daruich (h)
