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La quintita o huerta familiar implica una gratificación personal, un gusto al paladar y un aporte a la economía familiar.

La quintita del changuito bajo el sol

El pasado 9 de Marzo en Diario Chilecito leí un texto del periodista Oscar Ceballos en el que informa: “A través de boletín de prensa, la Cámara Riojana de Productores Agropecuarios, CARPA, informó que el programa Pro Huerta implementado por INTA cumplirá este año su vigésimo aniversario. El mencionado programa tiene como objetivo promover la auto producción de alimentos”. Ello me hizo recordar que hace más de 50 años llegó a Chilecito la Agencia de Extensión Agropecuaria del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Me hizo recordar también a mi abuela Vicenta que en un pedazo del patio de la casa paterna, protegida con un cañizo echo por ella misma con las cañas que había detrás del olivo que aún bien se conserva, tenía una hermosa quintita. Y me hizo recordar la quintita del changuito bajo el sol en Las Bateas, yendo para Sañogasta, ahí, cerquita nomás del Río Trinidad.

Entre otras informaciones el Boletín de Prensa de CARPA dice: “En estas dos décadas de vida, este programa asistió a cerca de 3,5 millones de personas, quienes desarrollaron más de 600 mil huertas familiares, 3.500 huertas comunitarias y casi 8 mil huertas escolares. Su objetivo es promover una dieta más diversificada y equilibrada mediante la autoproducción en pequeña escala de alimentos frescos por parte de sus destinatarios.”
Entré en la página web del INTA, “www.inta.gov.ar” y me informé sobre los detalles del Progama que se desarrolla conjuntamente con el Ministerio de Desarrollo Social. “El Pro-Huerta está dirigido a población en situación de vulnerabilidad social, atendiendo familias urbanas y rurales situadas bajo la denominada " línea de pobreza"; donde quedan comprendidas situaciones de pobreza estructural, así como sectores pauperizados por caída de sus ingresos o por desocupación. También involucra a niños en escuelas de áreas socialmente críticas, priorizando aquéllas con comedor escolar. En este sentido, la población atendida incluye desempleados, subocupados, minifundistas, asalariados rurales, comunidades aborígenes, familias pauperizadas y población vulnerable en términos de seguridad alimentaria.”
Aquí en La Plata este programa se ejecuta en todo el cinturón verde que rodea la ciudad. Se reparte una bolsa con distintos tipos de semillas y profesionales del INTA recorren la zona enseñando cómo plantar, cómo preparar la tierra, cómo abonar, cómo cuidar las verduras y los frutales, etc. Ubi, un chango del barrio que suelo contratar para que me ayude con el mantenimiento del parque en casa, tiene un Plan Trabajar por el que cobra $ 150 y para ello debe trabajar miércoles, jueves y viernes, de 14 á 18 hs., en una huerta comunitaria muy bien cuidada y con gran variedad de hortalizas cuya producción se destina a un comedor para familias carenciadas y para el comedor de la escuela del barrio donde se sirve el almuerzo para las niñas y niños que asisten.
Cuando yo estaba en tercer año en la Escuela Normal, allá por 1959, si mal no recuerdo, llegó a Chilecito la Agencia de Extensión Agropecuaria del INTA. Funcionaba en la calle Joaquín V. González, un poco más arriba de la confitería que está frente al Banco Nación. Sus profesionales eran Ballespín, Montivero, Ratti y Villavicencio y sus auxiliares los señores Vega y Gómez. Comenzaron a funcionar el “Club 4 A” (Acción, Adiestramiento, Ayuda y Amistad) para los changos y el “Club del Hogar Rural” para las chicas. Aprendimos a tener la quintita, a criar conejos, a criar abejas, a construir baños rurales, etc. Las chicas, a elaborar dulces, preparar comidas, confeccionar prendas, etc. Las reuniones administrativas eran los sábados por la mañana y las técnicas los miércoles por la tarde. Además salíamos en campamento con carpas por los distritos y con un jeep IKA recorríamos todos los pueblos de la zona pasando películas relacionadas con la actividad agropecuaria, entre otras actividades. En 1961 participé de la Convención Nacional de Clubes Agrícolas en Buenos Aires. En 1962, trabajando como Maestro en Patancillo, promoví la creación allí de un Club Agrícola y, gracias al accionar del INTA, al poco tiempo el pueblo tuvo agua potable. De aquellos años guardo el recuerdo de la hermosa e imperecedera amistad, esa amistad nacida en el compartir emprendimientos, trabajos y proyectos, ilusiones, fiestas y comidas, con muchos changos y chicas de Chilecito y los distritos. De entre todas ellas quiero, como un homenaje a todo lo recibido, elevar una plegaria y un recuerdo emocionado por el afable y extrañado Toto Arias, que se fue trabajando en su finca, quizá aplicando lo que aprendimos en el Club 4 A del INTA:, en las reuniones de los sábados en las que planificábamos las tareas, en los campamentos, en las recorridas por las fincas de los distritos donde aprendimos a decir “ a su servicio”
Por donde anduve, busqué un lugar para tener mi quintita. Por estos días tengo un pedazo del parque de tres metros por cuatro metros destinado a ella. Anoche, corté dos tomates bien maduros y un morrón verde y me preparé una ensalada como la que preparaba mamá, sin cebolla por la gastritis. Es gratificante porque se siente que es producto del trabajo de uno mismo, y es exquisito comer algo que de la planta va al plato. Como lo hacía mi abuela Vicenta que un día, mientras trasplantábamos lechuga, levantó su mirada verde hacia la cima del Famatina y me dijo: “Año de nieves, año de bienes” Y ante la mirada inquisidora de mis ojos, explicó: “Mire m`hijo: esta agüita con la que regamos estas tiernas lechuguitas, viene de aquellas nieves. Ese cerro nos da la vida”
Y recuerdo la productiva quintita del changuito bajo el sol en Las Bateas en el campo cercano a Sañogasta, al lado del seco Río Trinidad. Cada chico de Chilecito debiera tener en su casa una quintita para crecer en armonía con la tierra que es nuestra madre y que espera ansiosa nuestro trabajo fecundo. Sólo se necesitan una pala de punta, un rastrillo, las semillas, las dos manos y el agua del Famatina. En cada escuela debiera haber también una quintita. Las Organizaciones No Gubernamentales existentes, las Cooperativas, los Sindicatos, las Asociaciones, debieran promover esta actividad a nivel familiar y/o comunitario. Los beneficios de Programa Pro Huerta del INTA y del Ministerio de Desarrollo Social de La Nación son múltiples. Y debemos aprovechar la, digo, nuestra Agencia de Extensión Agropecuaria del INTA que hace ya más de cincuenta años tenemos en Chilecito, ahora con edificio propio.

Jesús Matías Filomeno Ocampo
DNI 4640262
Correo electrónico: jmfocampo@ciudad.com.ar
La Plata, 18 de Marzo de 2010


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  • Publicado por Jesús Matías F. Ocampo (Lector colaborador) el Sábado 20 de Marzo de 2010 a las 12:46 Hs.
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